Parados jóvenes subsisten con comida a punto de tirar
Ya no se trata sólo de algunos jubilados de pensión mínima o los esporádicos okupas adolescentes. Ahora, también hay jóvenes parejas de entre 30 y 35 años a los que el paro les lleva a recorrerse los puestos del Mercado Central, el mercadillo de Teulada y otros, en busca de alimentos al límite, que usualmente se tiran, como fruta demasiado madura o tocada, cabezas de pescado, huesos de pollo...
"Lo más lamentable son personas solas o en pareja que piden cabezas de merluza que muchos clientes desechan y ellos aprovechan para sopas, con un poco de revuelto de pescado", atestigua Víctor Manuel Sanz, pescatero del Mercado central.
Otra síntoma que hace pensar en un regreso a los tiempos de la postguerra se aprecia cuando se piden carcasas de ave (pollo o gallina) que hasta ahora se tiraban a la basura: no se encuentra ni una, porque ahora se aprovechan también para dar sustancia a la sopa.
Trabajo en lo que sea
En el puesto de Frutas Gironés, relatan que hace tiempo que guardaban piezas "en buenas condiciones pero ligeramente tocadas por madurez o el almacenaje" para la ONG Reto, que atiende a 170 hombres y 30 mujeres. Pero ahora, otros particulares se apañan con este género que se retira de la venta.
En su caras se refleja la tristeza y un poco de vergüenza, muchos son "gente en busca de trabajo, de repartidores, mozos de carga..." añade otra vendedora, Virginia Martínez.
Por discreción, acuden a primera hora, sobre las ocho de la mañana, para que no les vean ni reconozcan, lo que corrobora el presidente de los Mercados Municipales, Domingo Martínez.






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