¡Dios mío, me han despedido!

¿Por qué a mí? ¿Y por qué no? ¿Acaso tiene alguien (aparte de los funcionarios) el carnet de "a mí nunca me pueden despedir"? Seguro que usted piensa como yo, que es imposible que me despidan porque soy un buen profesional, mi rendimiento es óptimo, la empresa es sólida y estable, y mi jefe me aprecia tanto que me ha dicho muchas veces que soy un puntal para la compañía.

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